Saltar al contenido

Nº 037 25 de septiembre de 2026 Una historia de coches cada día

Autosetto

Belfast, 1981

Acero inoxidable, dinero público y una trampa del FBI

Una estrella de General Motors, una fábrica en Irlanda del Norte pagada con dinero público y un coche que se salvó del olvido gracias al cine.

DeLorean DMC-12 de 1981 en acero inoxidable con las dos puertas de ala de gaviota abiertas, en una concentración de coches clásicos sobre césped en Australia.11
Foto: Sicnag · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

John DeLorean era la estrella de General Motors: el hombre del Pontiac GTO, alto, bronceado, con aire de actor. En 1973 dejó la empresa para hacer su propio coche, un deportivo seguro y duradero.

Para fabricarlo buscó dinero público y lo encontró en Irlanda del Norte, en plena violencia, donde el Gobierno británico estaba dispuesto a pagar mucho por crear empleo. La fábrica se levantó en Dunmurry, a pocos kilómetros de Belfast.

El coche lo dibujó Giorgetto Giugiaro: puertas de ala de gaviota y paneles de acero inoxidable cepillado, sin pintar. La idea de no pintarlo nació de un problema técnico con la pintura y se convirtió en su imagen. La ingeniería, casi toda rehecha por Lotus, acabó con un chasis de viga de acero y el motor V6 PRV que usaban Peugeot, Renault y Volvo, montado detrás. Era espectacular de ver y bastante lento.

La producción empezó a finales de 1980, con retrasos y sobrecostes. Llegó a Estados Unidos caro y con fama de mal acabado. A finales de 1981 se habían fabricado 7.500 y vendido 3.000. En febrero de 1982 la fábrica entró en suspensión de pagos.

El 19 de octubre de 1982, John DeLorean fue detenido en Los Ángeles, grabado en vídeo por agentes federales mientras aceptaba financiar una operación de tráfico de cocaína. El informante del FBI, un antiguo vecino, le había propuesto el negocio cuando DeLorean necesitaba desesperadamente diecisiete millones de dólares para salvar la empresa. En agosto de 1984 un jurado lo declaró inocente: había caído en una trampa policial. Para entonces la empresa ya había quebrado. Se habían hecho unos 9.000 coches.

Un año después, en 1985, un DeLorean viajaba en el tiempo al llegar a 88 millas por hora en Regreso al futuro. El fracaso industrial se convirtió en uno de los coches más famosos del cine.