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Nº 037 25 de septiembre de 2026 Una historia de coches cada día

Autosetto

Barcelona, 1911

La cigüeña que salió de Barcelona

Un ingeniero suizo, un rey aficionado a la velocidad y un motor de avión que dominó el cielo de la Gran Guerra. La marca de Barcelona que acabó llevando en el radiador el emblema de los ases franceses.

Hispano-Suiza Alfonso XIII Biplace Sport de 1912, amarillo con ruedas rojas, expuesto en la Cité de l'Automobile de Mulhouse (Francia)37
Foto: Jörgens.mi · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

En 1899 llegó a Barcelona un ingeniero suizo de veintiún años, Marc Birkigt. Venía a trabajar en un autobús eléctrico que no salió adelante, pero se quedó. Tras dos quiebras y varios cambios de socios, en junio de 1904 el empresario Damián Mateu financió la sociedad que lo cambiaría todo: La Hispano-Suiza, Fábrica de Automóviles. Española por el dinero, suiza por el ingeniero.

El mejor cliente llegó enseguida. El rey Alfonso XIII, loco por los coches, encargó un chasis y dio a la empresa todo su apoyo. La marca levantó una fábrica nueva en La Sagrera y empezó a correr. Tras las victorias de sus coches de carreras en Francia, decidió vender una versión de calle, y el rey estaba tan entusiasmado que el modelo llevó su nombre.

El Alfonso XIII salió en 1911. Era un descapotable ligero, con un cuatro cilindros de 3,6 litros y 60 caballos, que pasaba de los 120 km/h. Costaba 11.500 pesetas, una fortuna al alcance de aristócratas y banqueros. Hay quien lo considera el primer deportivo de la historia. Se vendieron unos quinientos.

Francia ya compraba más Hispano-Suiza que España, y la marca abrió fábrica cerca de París. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Birkigt aplicó a la aviación lo que sabía de coches y diseñó en Barcelona un V8 con el bloque de aluminio fundido de una pieza, ligero y robusto. Los fabricantes franceses presionaron contra aquel motor español y le exigieron una prueba que ninguno de los suyos había superado: cincuenta horas seguidas a plena potencia. La pasó.

Con él se diseñó el caza SPAD, y el Hispano-Suiza 8 fue el motor de avión más fabricado de la guerra, con casi cincuenta mil unidades. Lo usaban los mejores pilotos aliados. Entre ellos, Georges Guynemer, el gran héroe de la aviación francesa, con 54 victorias, que mandaba la escuadrilla de las Cigüeñas y llevaba una pintada en el costado de su avión. Desapareció en combate en septiembre de 1917.

Después de la guerra, Hispano-Suiza volvió a los coches de lujo y puso en el radiador una cigüeña en vuelo, tomada del emblema de aquella escuadrilla. Se convirtió en uno de los adornos más elegantes del automóvil.

La fábrica de La Sagrera siguió siendo de Hispano-Suiza hasta 1946, cuando pasó a la empresa estatal ENASA. Allí, pocos años después, se construyó el Pegaso Z-102.