Saltar al contenido

Nº 037 25 de septiembre de 2026 Una historia de coches cada día

Autosetto

Burnham-on-Sea, 2003

La camioneta que sobrevivió a una demolición

Top Gear compró una Hilux vieja a un granjero y se propuso matarla: la hundió en el mar, le tiró una caravana encima, la quemó y la subió a un edificio que iban a volar. Siguió arrancando.

La Toyota Hilux de Top Gear, abollada y quemada, expuesta en el National Motor Museum de Beaulieu36
Foto: Robert Linsdell · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

En 2003, Jeremy Clarkson quiso comprobar si era cierto lo que se decía de la Toyota Hilux: que era imposible de matar. Para Top Gear compró una de 1988, diésel, que llevaba años trabajando en una granja. Tenía unos 305.000 kilómetros, óxido en la carrocería y el interior hecho polvo. La regla era sencilla: después de cada prueba, solo se podía reparar con herramientas básicas y sin piezas de recambio.

Empezó suave. La bajó por un tramo de escaleras, rozó con ella la esquina de un edificio hasta arrancar ladrillos y la estampó contra un árbol. Chapa y poco más.

Luego la ató a un embarcadero en Burnham-on-Sea, en el canal de Bristol, donde las mareas están entre las mayores del mundo, y esperó. La Hilux pasó unas cinco horas bajo el agua salada. Cuando el mar se retiró estaba medio enterrada en la arena y hubo que sacarla con un cabrestante. Con llaves, martillo y paciencia, un mecánico consiguió que volviera a arrancar.

A partir de ahí, la cosa se volvió personal. La dejaron caer desde una grúa, la lanzaron a través de una caseta de madera, la golpearon con una bola de demolición y le tiraron una caravana encima. Después le prendieron fuego, primero a la caja y luego a la cabina. Cada vez, la caja de herramientas. Cada vez, el motor volvía a arrancar.

Para el final, James May la subió a la azotea de un bloque de 23 plantas que iba a ser demolido con explosivos. El edificio se vino abajo con la Hilux encima. La sacaron de los escombros con la suspensión rota y el chasis tocado. Tras otra sesión de herramientas, arrancó. Y entró por su propio pie en el plató.

Se quedó allí durante años, sobre un pedestal al fondo del estudio. Toyota no habría podido pagar un anuncio mejor. Hoy se exhibe en el Grampian Transport Museum, en Escocia, abollada y chamuscada: la prueba de cargo más famosa de la televisión.