Cabo Cañaveral, 2018
El descapotable que dejó la Tierra
Un cohete nuevo necesitaba un peso de prueba. Elon Musk puso su propio coche, con un maniquí al volante y Bowie en los altavoces. Sigue dando vueltas alrededor del Sol.
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Cuando se prueba un cohete por primera vez, lo normal es cargarlo con bloques de hormigón o de acero. Si explota, no se pierde nada. Para el primer vuelo del Falcon Heavy, en 2018, SpaceX eligió otra cosa: el Tesla Roadster rojo cereza que Elon Musk usaba para ir a trabajar.
Según contó después la que fue número dos de la NASA, la empresa había ofrecido aquel vuelo gratis a la agencia y al ejército, y nadie lo quiso. El coche era el plan B. Lo fijaron inclinado sobre la última etapa, le pusieron cámaras y sentaron al volante a un maniquí con traje espacial, la mano derecha en el volante y el codo izquierdo apoyado en la ventanilla. Lo llamaron Starman, como la canción de David Bowie. En los altavoces sonaba otra de Bowie, Space Oddity, en bucle.
Los detalles eran de coleccionista. En la guantera, un ejemplar de la Guía del autoestopista galáctico y una toalla. En el salpicadero, un cartel con el consejo del libro: «DON'T PANIC!». Junto a él, un Hot Wheels del mismo Roadster con su Starman diminuto. Y grabado en una placa de circuito: «Made on Earth by humans».
El 6 de febrero el cohete despegó de la plataforma 39A del Centro Espacial Kennedy, la misma de las misiones Apolo. Durante unas horas, millones de personas vieron en directo un descapotable flotando sobre la Tierra azul. Después, la etapa encendió el motor por última vez y lo lanzó a una órbita alrededor del Sol que cruza la de Marte.
El Roadster fue el primer coche de Tesla: un Lotus Elise reconvertido, con miles de células de litio como las de los portátiles, fabricado entre 2008 y 2012. Se vendieron unos 2.450. Uno de ellos ya no volverá. No tiene revisiones pendientes ni ITV que pasar. Tiene, eso sí, número de catálogo de satélite.