Nueva York, 1954
El importador que encargó mil gaviotas
Un vendedor de coches de Nueva York convenció a Mercedes de llevar su coche de carreras a la calle. Para que dijera que sí, se comprometió a comprar mil. Las puertas de gaviota fueron una necesidad.
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En 1952 Mercedes-Benz volvió a las carreras con un coche ligero y aerodinámico, el 300 SL de competición. Ganó las 24 Horas de Le Mans y la Carrera Panamericana de México. Mercedes no pensaba venderlo: era un coche de carreras.
Max Hoffman pensaba otra cosa. Era un vienés que había huido de los nazis y se había convertido en Nueva York en el gran importador de coches europeos de lujo de Estados Unidos. En una reunión de directivos en Stuttgart, en 1953, propuso fabricar una versión de calle del 300 SL para los americanos ricos. Para vencer las dudas, se comprometió a comprar mil.
Mercedes aceptó y, en contra de su costumbre, lo presentó en el Salón de Nueva York, en febrero de 1954, y no en Fráncfort o Ginebra.
Las puertas que lo hicieron famoso no fueron un capricho. El chasis era una estructura de tubos finos soldados, muy ligera y muy rígida, pero pasaba alto por los costados, justo donde deberían abrirse unas puertas normales. La solución fue abrirlas hacia arriba, con las bisagras en el techo. Los americanos lo llamaron gullwing, ala de gaviota. Entrar y salir requería práctica: el volante se abatía para ayudar.
Llevaba inyección directa de gasolina de Bosch, derivada de los motores de avión, una rareza en un coche de calle. Según la desmultiplicación, podía llegar a 260 km/h: fue el coche de serie más rápido de su tiempo.
Hoffman acertó. De los unos 1.400 cupés fabricados, más del ochenta por ciento se vendieron en Estados Unidos. Fue el primer Mercedes que triunfó de verdad fuera de Alemania. Y Hoffman siguió dando ideas: a Porsche le sugirió el 356 Speedster y a BMW, el 507.