Bathurst, 1992
Godzilla y el podio de los abucheos
Una revista australiana le puso el nombre de un monstruo japonés. Tres años después ganó en Bathurst bajo un diluvio y el público le tiró de todo.
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Nissan diseñó el Skyline GT-R de 1989 con un objetivo: ganar carreras de turismos del Grupo A. Sabía que tendría que usar neumáticos anchísimos y que un coche de tracción trasera no podría aprovechar tanta potencia. Así que le dio tracción total, con un sistema electrónico, el ATTESA E-TS, que repartía la fuerza entre los ejes según hiciera falta. Y un seis cilindros biturbo de 2,6 litros que de serie anunciaba 280 caballos, el máximo que los fabricantes japoneses habían pactado declarar. En carreras pasaba de los 500.
En julio de 1989, la revista australiana Wheels lo probó y le puso un apodo: Godzilla, el monstruo de Japón. Se le quedó para siempre.
En Australia el GT-R arrasó. Ganó el campeonato de turismos en 1991 y 1992, y los 1000 kilómetros de Bathurst los mismos dos años. Al público, que llevaba décadas dividido entre Holden y Ford, aquello no le hizo ninguna gracia.
La carrera de Bathurst de 1992 se corrió bajo una lluvia torrencial. A falta de pocas vueltas, el GT-R de Jim Richards, que iba líder con el coche ya tocado, se salió y se estrelló. Hubo más accidentes a la vez, la dirección sacó bandera roja y dio la carrera por terminada. Según el reglamento, contaba la clasificación de la vuelta anterior, y en ella mandaba Richards. El coche ganador estaba destrozado contra un muro.
Ese mismo día había muerto en la pista Denny Hulme, campeón del mundo de Fórmula 1, de un infarto al volante. Richards, neozelandés como él, se enteró justo antes de subir al podio. Abajo, el público los abucheó a él y a su compañero, Mark Skaife, y les tiró de todo. Richards, conocido por su carácter afable, cogió el micrófono, dijo que aquello era una vergüenza que no olvidaría y lo remató con un insulto que en Australia todavía se recuerda.
Al año siguiente el reglamento cambió y el GT-R se quedó fuera.