Wolfsburg, 1945
El mayor británico que salvó el Escarabajo
Una fábrica bombardeada, un coche que nadie quería y un oficial del ejército británico de veintinueve años. Sin él, el coche más fabricado del siglo quizá no existiría.
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En el verano de 1945, la fábrica que los nazis habían levantado para hacer el coche del pueblo estaba muy dañada por los bombardeos. Durante la guerra casi no había fabricado turismos, sino vehículos militares, con trabajo forzado. La zona quedó bajo control británico y el ejército mandó allí a un joven oficial de ingenieros, el mayor Ivan Hirst, que había dirigido un taller de reparación de tanques en Bélgica.
La idea era usar las naves para reparar vehículos militares. Hirst vio otra cosa. El ejército británico necesitaba coches ligeros, en Alemania no había trabajo y allí estaba el utillaje para fabricar el Volkswagen. Convenció a sus superiores de que encargaran 20.000 coches, cifra que justificó como el límite que permitían los materiales disponibles. Se empezó con las piezas que quedaban en el almacén. En marzo de 1946 ya salían unos mil al mes.
Nadie más creía en aquel coche. Una comisión de la industria británica lo examinó y concluyó que no interesaría a los compradores. Ford tampoco quiso quedarse con la fábrica cuando tuvo ocasión.
En enero de 1948 Hirst ayudó a elegir a un director alemán para la empresa, Heinrich Nordhoff, que venía de Opel. Nordhoff la dirigió veinte años y la convirtió en una de las mayores del mundo. En 1949 los británicos devolvieron la fábrica a Alemania.
En 1972 el Escarabajo superó al Ford T como el coche más fabricado de la historia. El último salió de la fábrica de Puebla, en México, el 30 de julio de 2003, después de 21.529.464 unidades en 65 años.
Hirst nunca se atribuyó el mérito. Decía que si no lo hubiera hecho él, lo habría hecho otro.