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Nº 037 25 de septiembre de 2026 Una historia de coches cada día

Autosetto

Zwickau, 1957

Diez años de espera por un coche de algodón

Carrocería de resina y desechos de algodón, motor de dos tiempos y listas de espera de más de una década. El coche de la RDA acabó siendo la imagen de la caída del Muro.

Trabant 601 S de color blanco, el utilitario de la RDA, expuesto en el Verkehrszentrum del Deutsches Museum de Múnich.27
Foto: High Contrast · CC BY 3.0 de · Wikimedia Commons

El 7 de noviembre de 1957, un mes después de que la Unión Soviética pusiera en órbita el Sputnik, salió de la fábrica de Zwickau el primer Trabant. El nombre significa satélite, o compañero de viaje. La fábrica había sido de Auto Union, la de los DKW de antes de la guerra, y había quedado en la Alemania del Este.

En la RDA faltaba acero, así que buena parte de la carrocería se hizo de otra cosa: duroplast, un plástico duro de resinas fenólicas de la industria química alemana oriental y desechos de algodón que llegaban de la Unión Soviética. El chasis era de acero; el techo, el capó, las aletas y las puertas, de ese material. No se oxidaba. Un Trabant duraba, de media, veintiocho años.

El motor era un bicilíndrico de dos tiempos: en cada repostaje había que mezclar aceite con la gasolina, y dejaba detrás una nube azul. Hacía ruido, corría poco y apenas cambió en tres décadas. En Occidente lo llamaban una bujía con techo.

En la Alemania del Este, en cambio, era un tesoro. Lo fabricaba un monopolio del Estado, costaba 7.450 marcos de la RDA y la espera era de unos diez años, hasta trece según dónde se viviera. Un Trabant usado valía más del doble que uno nuevo, porque se podía tener ya.

En noviembre de 1989, cuando cayó el Muro de Berlín, las televisiones de todo el mundo mostraron colas de Trabant cruzando la frontera entre bocinazos y aplausos. El coche del que se burlaba Occidente se convirtió en la imagen de la libertad recién estrenada.

Se fabricaron 3.096.999 hasta 1991; el último modelo ya llevaba un motor Volkswagen. Y todavía tuvo un momento de gloria: en 1997 superó la prueba del alce que acababa de tumbar al nuevo Mercedes Clase A.