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Nº 037 25 de septiembre de 2026 Una historia de coches cada día

Autosetto

Barcelona, 1953

La zapatilla que motorizó la posguerra

Un pionero de la aviación francesa diseñó el coche más sencillo posible. En Francia nadie lo quiso. En la España de la posguerra se vendieron miles.

Biscúter 100 descapotable de los años cincuenta, el microcoche de Autonacional, en color plata y expuesto en el Petersen Automotive Museum de Los Ángeles.33
Foto: Craig Howell · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

Gabriel Voisin había construido aviones antes de la Primera Guerra Mundial y coches de lujo después, para la élite de París. Tras la Segunda Guerra, con Europa arruinada, se propuso lo contrario: el coche mínimo. Lo llamó Bi-scooter, porque venía a ser del tamaño de dos de aquellas motos que estaban de moda.

En Francia no interesó ni a los fabricantes ni al público. Pero en España, aislada, sin divisas y con muy pocos coches, sí había sitio para él. Voisin vendió la licencia a Autonacional, una empresa de Barcelona, y en 1953 salieron los primeros.

Era la mínima expresión. No tenía puertas, ni ventanillas, ni marcha atrás. El motor, un Hispano Villiers de un cilindro, 197 centímetros cúbicos y dos tiempos, daba 9 caballos y se arrancaba tirando de un tirador. La tracción iba solo a la rueda delantera derecha. La carrocería era de aluminio. Su perfil le valió el apodo con el que se le recuerda: la zapatilla. Y un dicho que duró más que el coche: feo como un Biscúter.

Aun así se vendió por toda España. Hubo versiones de reparto y familiares, y hasta una deportiva, el Pegasín, que tomaba el nombre del Pegaso. Con los años llegaron la marcha atrás y el arranque eléctrico. Cuando el Estado le cortó el suministro de aluminio, muchos se hicieron de acero, y se cuenta que parte de esa chapa salía de bidones de aceite desplegados.

Lo mató el SEAT 600. A principios de los sesenta, con un coche de verdad a precio de obrero, ya nadie quería una zapatilla. Se fabricaron unos doce mil y casi todos acabaron en el desguace. Los pocos que quedan se enseñan en museos y concentraciones, como recuerdo de cuando tener cuatro ruedas ya era mucho.